El carnaval de Gualeguaychú es un fenómeno de escala nacional: todos los sábados de enero y febrero — y algunos más — el corsódromo enciende el desfile de comparsas más grande y más largo del país. Esta revista lo describe como lo que es: cultura popular mayúscula, con su economía propia de trajes, escuelas y ensayos de todo el año. Sin boletería acá: entradas, fechas y logística van por los canales oficiales de la fiesta (EDITABLE).
Para el viajero de la ruta, el carnaval reescribe el reloj de la ciudad: alojamiento que se reserva con meses, restaurantes a doble turno, horarios de todo — sala incluida — corridos hacia la madrugada (todo editable por temporada). La playa y la costanera, en cambio, siguen a lo suyo: el río no se entera del calendario.
Lo que no cambia nunca es el protocolo: la sala estatal de la costanera mantiene su puerta de 18+ con DNI, los dos números de la velada se fijan en la cena — más importante que nunca en semanas de fiesta — y la vuelta va en taxi, que en carnaval conviene pedir con anticipación.